Toda la vida para despedirse…

Recuerdo los inicios del grupo de duelo de Durango hace tres años como, una madre contaba lo terapéutico que le estaba resultando hacer manualidades para su hija.

Bordaba, tejia, cortaba…los recuerdos que en vida no iban a poder disfrutar. Necesitaba hacer y hacer , meditar y meditar. Recordar la ilusión del breve tiempo que vivió en su vientre. Que en realidad era toda una vida.

Sin embargo, sentía una enorme tristeza pensando en un incierto y futuro momento en el que esa manualidad llegase a su fin. Pensaba » y, ¿cuando esto se acabe?». 

Pienso que cuando perdemos a alguien que ha sido muy importante, a veces necesitamos toda la vida para despedirnos.

Quizá puedes hacer un ritual en el momento en que muere y estar arropada por la gente que te quiere. Y seguramente mas adelante necesites hacer más rituales: al cabo del mes, de los tres meses, del año…

Cualquier momento de la vida es un buen momento para volver a despedirse de un hijo. 

Podras ritualizar su vida cuando te apetezca y sientas que lo necesitas.

Al principio será más seguido: cada día, cada semana… Luego se irán espaciando: cumpleaños, aniversarios, en las celebraciones importantes de la familia…

Pero espaciar los rituales no significa “olvidar”.

Tu hijo siempre va a estar ahí.

Porque un hijo es para siempre, incluso cuando se muere pronto.