Cuando una mujer se atreve a contar su experiencia traumática parto

Cuando una mujer se atreve a contar su experiencia traumática de parto, no te está contando un relato sobre una vivencia personal al azar, sino que está abriendo parte de su vida más íntima ante ti.

Te está contando una experiencia en la que ella se encontró ante una situación de total vulnerabilidad, frente a unas personas que probablemente era la primera vez que veía en su vida (y que es muy probable que no vuelva a ver), exponiendo su cuerpo desnudo de una forma que quizá no lo haya hecho ni en una relación sexual. Recibiendo a su hijo al que esperaba entre ansia, miedo e incluso tristeza.

Ansia de deseo por conocerle.

Tristeza por conocerle… Y tener quizá que despedirse.

Miedo por los recuerdos de esa historia anterior a ese día que quizá sólo ella conoce. O a la que muy pocos privilegiados han podido tener acceso.

Miedo al dolor, a la exposición de su intimidad, miedo por los recuerdos, miedo a lo que le han contado, a lo que ha podido ver en televisión, miedo por lo que su madre vivió.

Así que no, no has de sentirte culpable por no encontrarte bien a pesar de estar viva.

Porque el derecho a parir con respeto y sin violencia es un derecho humano incluido como derecho sexual y reproductivo de todas las mujeres.

Y porque el primer derecho que tenemos TODOS como seres humanos es a un nacimiento sin violencia. Sea cual sea la edad gestacional del bebé. Independientemente de si el bebé está vivo o muerto. Al margen del lugar y la forma de nacer. Naciendo a través de una interrupción de embarazo.